
Hoy es primer día de primavera en 2019, Día Mundial de la Poesía declarado así por la Unesco. Como en años anteriores, quiero participar con el movimiento de acercar la poesía al mundo. Mi granito de arena este año es la poesía de Rabindranath Tagore, un poeta indio que vivió a caballo entre los siglos xix y xx.
Antes de que puedas leer algunos versos de Rabindranath Tagore, quería contarte algo sobre este personaje.
Rabindranath Tagore
Rabindranath Tagore, pronunciado española aproximada [rabíndranat tagór], más que un escritor que ganó el premio Nobel de Literatura en 1913, es un hombre polifacético, porque aparte de la poesía y la novela corta, también se interesó por la música (compuso los himnos nacionales de la India y Bangladés; además, el de Sri Lanka está basado en sus acordes) y por la pintura, una faceta que le ocupó la última década de su vida.
En lo social fue muy crítico con los valores occidentales, algo que se entiende por sufrir en su propia tierra los estertores del colonialismo, las dos guerras mundiales el siglo xx y los devaneos colonialistas de
Japón, un país asiático que amó pero que terminó renegando por su imperialismo, el principal defecto de Occidente. Quiso el destino que Rabindranath nos abandonara para siempre solo unos meses antes del ataque japonés a Pearl Harbor en 1941.
De familia india acomodada, estudió secundaria en Inglaterra, abandonó los estudios de Derecho en la universidad de la metrópoli para estudiar lo que más le interesaba: la literatura, así que durante un par de años pudo conocer de primera mano los valores de Occidente.
En su poesía se ven los valores de la India que él quería resaltar: amor por la naturaleza, el panteísmo que todo lo cubre, la infinitud del universo, la temporalidad de la vida humana y la vanidad de las veleidades humanas.
Ayer, preparando este artículo, vi que tenía marcados algunos versos con un asterisco en el margen de la página del primer tomo de sus obras selectas, porque hace años, cuando leí a Rabindranath Tagore, esos versos me gustaron más que el resto. Son precisamente estos versos marcados los que te escribo a continuación, con la esperanza de despertar tu interés por este genial poeta.
Leer a Rabindranath es poner a prueba todos los sentidos: el rumor de las hojas al caer o la canción del agricultor trabajando, el perfume de la flor, los colores anaranjados del sol poniente, el abrazo del amado y el sabor de la alegría.
Por cierto:
- La primera poesía de este artículo es seguramente la más conocida de
Rabindranath (quizá la conocías, sin saber que era de Rabindranath Tagore). - Todas las poesías de este artículo pertenecen a una única obra de
Rabindranath, «Los pájaros perdidos»; una pequeña obra, así que imagínate lo que puedes encontrar en otras poesías o incluso en su prosa… - Rabindranath escribía sus obras en bengalí y él mismo las traducía a inglés:

- Hablando de traducciones, la escritora y lingüista española Zenobia Camprubí tradujo de inglés a español las obras de Rabindranath Tagore, contándose, según dicen, entre las mejores ediciones en español.
☛ Si te suena el nombre de esta escritora, posiblemente sea porque fue la mujer del nobel de Literatura español Juan Ramón Jiménez.
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Poesía de Rabindranath Tagore
Ahora sí, espero que disfrutes la poesía de Rabindranath Tagore, por lo menos, tanto como yo. Después de tantos años, ha sido un verdadero placer releer estos versos libres:
No llores porque el sol se ha ocultado, tus lágrimas te impedirán observar las estrellas.
En silencio, la pena va adquiriendo Paz en mi corazón, como el anochecer entre los árboles callados.
El misterio de lo creado es tan grande como el negro de la noche; y vana sabiduría como la niebla matutina.
Nunca ves quién eres; solo ves tu sombra.
¡Qué alocados son estos deseos míos puestos a gritar en medio de tu canto, dueño mío: ¡Enséñame a escuchar!
—Nosotras, las hojas susurrantes, somos una voz que sabe contestar a las tormentas; ¿quién eres tú, tan silenciosa?
—No soy más que una flor.La cascada canta:
—Al encontrar mi libertad, encuentro mi canción.
El pez es callado en el agua; el animal, vocinglero en la tierra; el pájaro, cantor de los aires. Pero el hombre tiene en sí el silencio del mar, el ruido de la tierra y la música del aire.
El mundo se vuelca sobre las cuerdas de nuestro vacilante corazón, tañendo una música triste.
La sombra embozada sigue a la luz con secreta humildad, amorosa y callada.
Las estrellas no temen parecer luciérnagas.
La lámpara de cristal riñe a la de arcilla porque ésta afirma que son primas hermanas. Pero al salir la luna, la lámpara de cristal, con una sonrisa vana, la llama:
—Querida hermana.
Nos encontramos y nos unimos como las gaviotas y las olas. Las gaviotas parten volando, las olas siguen su camino y también todos tendremos que partir un día.
Mi día ha terminado, soy como un barco varado en la playa al anochecer, en brazos de la danza de las mareas.
Estamos muy próximos a lo grande cuando somos grandes en humildad.
Al gorrión le da lástima el pavo real por tener que ir arrastrando tanta cola.
No le tengáis miedo al instante, dice la voz eterna.
El huracán busca pasar por donde no hay camino, y su búsqueda termina siempre en la nada.
Bebe el vino en mi copa, amigo mío. Pierde su sabor si se vierte en el de otros.
Da las gracias a la llama por su luz, pero no olvides a la lámpara, tan constante y paciente en la sombra.
La florecilla abre su capullo y exclama:
—No te marchites nunca, querido mundo.
La niebla, como el amor, roza en el corazón de las colinas y les arranca sorprendidos gemidos de placer.
La hierba busca la muchedumbre en la tierra. El árbol, su soledad en los cielos.
Que tu vida sea tan bella como las flores del estío; y tu muerte, como las hojas otoñales.
—¿Estás muy alejado de mí, fruto?
—Estoy escondido en tu corazón, flor.
La gota de rocío dijo al lago:
—Tú eres la gota grande de rocío bajo la hoja del loto; yo soy la más pequeña que hay encima.
El ruido del ahora se burla de la música de la eternidad.
Pienso en otras épocas arrastradas por la corriente de la vida, el amor y la muerte, y fueron olvidadas. Entonces siento la libertad de la muerte.
La tristeza de mi alma es su velo de novia, que espera que se lo quiten por la noche.
La nube esperaba en humildad en un rincón del firmamento, y la mañana la coronó de luces.
El eco se burla de su origen para demostrar que es original.
Proyecto mi sombra sobre el camino; soy una lámpara que no ha sido encendida.
El hombre se sumerge entre el bullicioso gentío para ahogar el clamor de su propio silencio.
Las montañas son como gritos infantiles que levantan los brazos para coger las estrellas.
¡Las hojas otoñales que caen y las nubes que pasan de largo se ríen del poder que se ufana de sus maldades!
—Me envías cartas de amor con la luna —dijo la noche al sol. —Mis lágrimas de rocío te responden en la hierba.
Las abejas liban miel de las flores y les agradecen con sus zumbidos cuando se van. La ostentosa mariposa cree que las flores le deben las gracias a ella.
Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás la verdad fuera.
La hoja, amando, se hace flor; la flor, adorando, se hace fruto.
Las raíces, escondidas bajo tierra, no exigen ningún premio per los frutos de las ramas.
La verdad se siente demasiado apretada en el ropaje de los hechos. Está muy a gusto ataviada de ficción.
Cuando iba de aquí para allá, sin llegar a ningún sitio, estaba cansado de ti, camino; pero ahora que me llevas a todas partes, me siento tu enamorado.
¡Déjame que crea que hay una, entre todas las estrellas, que guía mi vida por este misterioso sendero oscuro!
Mujer, has rozado mi ser con la gracia de tus dedos, haciendo surgir el orden como una música.
No tengo miedo al fuego vivo que me avisa con su llama, pero sálvame del rescoldo aún ardiente escondido en sus cenizas.
—¿Quién va a reemplazarme? —preguntó el sol poniente.
—Haré lo posible —dijo la lámpara de barro.
Arrancando los pétalos no atraparás la belleza de la flor.
La noche abre las flores en secreto y deja que el día reciba nuestro agradecimiento.
El poder considera ingratitud los gemidos de sus víctimas.
Las gotas de lluvia besaban la tierra y le susurraban:
—Somos tus hijas viajeras, madre; volvemos a ti desde el cielo.
Amor, cuando llegas con la roja lámpara del dolor, puedo ver tu rostro y comprender que eres toda la felicidad.
—Según los sabios, un día os apagaréis —dijo la luciérnaga a las estrellas.
Pero estas no contestaron.
El mundo me besa el alma dolorida y me pide que le devuelva su dolor con canciones.
He sumergido el cántaro de mi corazón en esta hora silenciosa, ¡y lo he llenado de amor!
El girasol se avergonzaba de estar emparentado con no sé qué florecilla anónima. Y el sol salió y le sonrió diciendo:
—¿Cómo estás, amigo mío?
El agua centellea en la tinaja y se oscurece en el mar. La verdad, si es pequeña, tiene palabras de luz; la grande es un enorme silencio.
La flor, que durante el día se deshoja olvidada, madura en el fruto dorado del recuerdo.
Soy como un camino nocturno que escucha en silencio los pasos de los recuerdos.
El perrito faldero sospecha que todo el universo trata de quitarle su sitio.
¡Cálmate, corazón mío, no levantes más polvo! Deja que sea el mundo quien te enseñe el camino.
Una inteligencia completamente lógica es como un cuchillo sin mago que hiere a quien lo toca.
Este es un mundo de tormentas feroces amansadas por la música de la belleza.
—Mi corazón es el joyero dorado de tus besos —dijo la nube del anochecer.
Con el ruido de nuestra pequeña tierra, el día sofoca el silencio de todos los mundos.
Cuando el sol se oculta en el ocaso, el oriente de su mañana está ante él en silencio.
No te comportes mal con tu mundo, no lo predispongas contra ti.
Quienes lo tienen todo menos a ti, Dios mío, se burlan de los que no te tienen más que a ti.
El reposo de esta vida tan agitada está en su propia música.
Que no se burle la hoja de la espada de su puño indefenso.
Busca, corazón mío, tu hermosura en el vaivén del mundo, como la barca que obtiene su gracia del viento y el agua.
Los ojos no se enorgullecen de su vista, sino de sus gafas.
Vivo en este pequeño mundo mío y me asusta perder incluso parte de lo mínimo. ¡Elévame a tu mundo y dame la libertad de entregarlo todo alegremente!
Me gustaría que volviesen a ti mis pensamientos, cuando ya me haya ido, como el resplandor del ocaso en las orillas del silencioso dosel estrellado.
Que el muerto guarde la inmortalidad de la fama, pero que el vivo tenga la del amor.
Te he visto como el niño, entre sueños, ve su madre en la penumbra de la aurora, le sonríe y se vuelve a dormir.
Deja que vivan en el mundo de brillantes fuegos de artificio los que así lo quisieran. ¡Mi corazón, Dios mío, ansía tus estrellas!
Las penas del amor rodearán de cantos mi vida como un mar insondable; los goces del amor lo hicieron como gorjeos de pájaros en árboles floridos.
Apaga la lámpara, si quieres. Exploraré tu oscuridad y la amaré.
La tormenta de anoche ha coronado la mañana con una paz dorada.
Cruzas tierras desérticas durante años interminables, pero siempre llegará el momento.
Cuando todas las cuerdas de mi vida estén afinadas, dueño mío, cada vez que las pulses surgirá la melodía de tu amor.
La historia del hombre espera con paciencia el triunfo de los ultrajados.
Escalé la fama y no hallé refugio alguno en esas cumbres desoladas y estériles.¡Llévame, Guía mío, antes de que muera el día, a ese valle tranquilo donde la mies madura en dorada sabiduría!
Los pájaros perdidos
Rabindranath Tagore
Conclusiones
Si te ha gustado, te aseguro que lo que he leído de Rabindranath Tagore va en la misma onda, incluso en prosa, así que puedes disfrutar muchísimo con su legado.
Por mi parte, me comprometo a releer las obras de mi biblioteca y volver a disfrutar del festival de sentidos de la poesía de Rabindranath Tagore.
Por último, y saliéndome del objetivo poético de este artículo, me propongo a conocer mejor la opinión de Rabindranath Tagore sobre el mundo. En internet puedes verle en fotos con el conocido activista indio Gandhi; sé que en lo político, ambos personajes no coincidían en algún tema fundamental. ¿En qué disentían en concreto? ¿Qué veía Rabindranath de negativo en Occidente? ¿Diría hoy lo mismo?
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